jueves, 15 de septiembre de 2011

El miedo bajo mis pies


El miedo me recorre bajo los dedos de mis pies, como un leve cosquilleo que pide ser rascado como muestra de atención, y yo lo piso a cada paso que doy y avanzo allí donde voy. Y ese pico no me impide avanzar y no me detengo aunque molesta ya que es un picor que si arrascas jamás calmaras.
Te paras y te detienes y comienzas a arrascar, intentando que ese picor se calme una vez más, pero continua y para ir a mas, la desesperación te inunda y el picor comienza a avanzar entre tus dedos y tus piernas hasta en el estomago irse a alojar.
Picor que no puedes ni parar, alojado en tu interior no lo puedes calmar. Comes sin parar cosas con pan, creyendo que a tu estomago rascaría sin solución y piensas en el frio y te hinchas de helado. Tu miedo empieza a crecer al ver tu estomago aumentar, ya no entras en las prendas de ayer, todo parece ponerse al revés.
Sales medio dormida, tabaleándote a cada paso que das y mirando a la gente que parecen observarte, como si supieran todas tus frustraciones.
Entras en la tienda, miras la ropa y ves como la tuya ya se ha quedado corta, en tu interior chillas gritas y pataleas, pero alguien te calma, no llores mi alma.
Un pañuelo y un gesto de comprensión, y aquello para, no se convierte en depresión. Una caricia al cogerlo y una sonrisa al ver que al regalarte su pañuelo sonríes un poco de una vez.
¿Cómo es posible? y ¿de dónde salió?, son preguntas que te haces sin ninguna razón y solo quieres marcharte, es el miedo que empieza hablarte.
Tus ojos se abren como platos, ¿qué tienes que comprender? Te dice mirándote de nuevo otra vez. No dudes de tu ser, no temas a coger, mientras te muestra su mano y te sonríe otra vez.
Agarrado a él andas por un camino que antes no podías ver. Tu corazón late deprisa y tu cabeza no puede entender como una muestra así y otra mano puede hacer que aquel cosquilleo comience a desaparecer.
Si te preguntas ¿por qué? Es sencillo lo que ves, a mí alguien me alzo su mano una vez, alguien que no conocía, alguien que no se quiso detener y se dio cuenta que vivir con ese cosquilleo es parte de nuestro ser.